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Olivo

 

Milenario árbol verde,
copa que ofreces beber
a Cristo. A tu tronco debe
oxígeno; fue tu deber
acompañarle en Su muerte.

Y longevo, nos recuerdas
inmóvil, recio por dentro
que tu fruto, ungüento lleva
y tus hojas, curan ciento
enfermedades que aquejan.

Y tu sombra nos refresca
y tu aceite, nutre cuerpo.
silencio da si a él te acercas,
a los prados, vierte viento...
su verdor nunca nos deja.

solitario o agrupado
ayudas a humanidad
en peregrinos traslados;
pudiendo salud gozar
con frutos embalsamados:

aceitunas nos regalas,
fruto seco, lontaraz;
esas "no-violentas-balas"
que ofreces con amistad
a nuestras manos cansadas.

No recubierto de espinas,
confiado desparramas
abrazos entre las viñas
mientras escuchas las nanas
"madres/padres que adivinan"...

en tu actitud esa gracia
que descansa en la belleza,
pues sin flores; abundancia
das a los hombres. Cosecha
que cada año, tú, escancias.

Y aborigen de Natura
primo-hermano-del-humano,
fiel escuchas nuestras dudas
mientras expeles el bálsamo
de Cristo, ¡última aventura!.

De tomar nunca me canso
aceite de oliva, pura.

El humano, no percibe
este ingente sacrificio:
"no moverte y ser aljibe
de los demás". Das servicio
como cualquier hombre libre.

Y paciente, fiel, esperas
agua del Cielo que aporte
en tu consumida tierra
nutrientes. Y así desbordes
vitalidad que despierta...

agradecimiento, don
ese intuir que la Vida
es guiada por tu Dios,
a quien tocaste su herida:

¡huerto de Olivos, Amor!

 

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