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La poda

 

Arbolitos que os ceñís
a las rondas que discurren
oyendo al hombre gruñir
sin que nube le secunde
hasta llegarse a aburrir.

Y al caminante ofrecéis
humedad de sombra augusta,
susurro de hojas, tendéis.
¡Cuánto aire puro degusta!,
¡extraer vida sabéis!.

Y olvidáis reciente poda
y el capricho de los hombres
que pueden cortar, ahora
follaje, ramas, dolores
creyendo que mucho os sobra.

O desgarrar ese tronco
que vino de lo Indecible:
días áridos y broncos
fríos, de espeso calibre
o de cerillas, rescoldo.

Y al final de la estación,
poda racional, medida
para obtener mas sabor
con nueva forma: armonía
y dar sombra entre el calor...

Cada verano, digieres
el estupor de la vida
y aunque del hombre no esperes
como tú, "ponga mejilla" (1)
sabes que si te conviene...

soportar todo este agravio
para crecer en vigor.
¡PODA, seas mi rosario
para que yo, pecador
crezca en alma hacía mi Amado!.

(1) El árbol da sombra, incluso, a quien le poda

 

 

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